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¡Una cita con la India Dormida!

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El ascenso a la India Dormida es una aventura para salir de la rutina diaria. Subir a ese paraje de 3,461 pies de altura puede tomar una hora para los que andan a buen ritmo, pero demoras más conforme a los descansos que hagas.

En sus faldas, en el Valle de Antón hay un grupo de niños y adolescentes que por precios módicos te sirven de guía. La nuestra fue Madeleine, una vivaz jovencita de 15 años que se acercó al auto familiar para ofrecer sus servicios.

Ella estudia el octavo grado y sueña con estudiar turismo. Desde los 8 años sirve de guía y en un día sube hasta dos veces a la India Dormida llevando grupos de extranjeros y locales. "En ocasiones hago hasta tres viajes", nos aclara la chica.

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Madelaine se sabe la historia completa de las atracciones que existen a los largo del sendero hasta la cima sonde duerme la leyenda de la princesa Flor del Aire, la hermosa hija del cacique Urracá, que se enamoró de un conquistador español y le rompió el corazón Yaraví, el agresivo guerrero de su tribu, que acabangado se quitó la vida al lanzarse al vacío desde una montaña frente a la mirada de la doncella indígena.

Cuenta la leyenda que ese hecho desconsoló a Flor del Aire, que empezó a vagar por las montañas de El Valle hasta que la muerte la sorprendió recostada en lo alto y mirando hacia el cielo. De allí surgió esa imagen de roca que sobresale en la cordillera y asemeja a una india dormida.

Pero de la leyenda volvemos a la realidad del ascenso. Lo mejor es que usted lleve zapatillas con una buena suela de tracción, agua, algunas barras de granola o chocolates. El ascenso no es tan fácil para los que no están en condiciones óptimas. Hay algunos tramos que provocan resbalones. Vimos a varias señoras que iban ascendiendo con sandalias y chancletas: no haga eso, porque tendrá que regresar descalzo, ya que es casi seguro que en el camino esas piezas sufrirán un inevitable deterioro.

En medio del paisaje boscoso se van apreciando los paisajes. Madelaine nos señala los chorros de Los Enamorados, Los Escondidos y el Salto del Sapo. En ellos el que lo desea puede darse un chapuzón.

Madelaine hizo una pausa especial cuando llegamos a la Piedra Pintada. Una enorme roca con símbolos grabados, que nuestra guía sostiene que se trata de un mapa del lugar. Esa roca tiene 35 mil años y rajadura que presenta fue producto de un rayo, expresa muy segura la guía quinceañera.

En la ruta de ascenso uno se encuentra grupos que vienen de bajada que te animan a seguir: ¡denle, falta poco!

Ya en la cima la vista es espectacular. Se observa todo el pueblo de El Valle y las otras montañas que rodean a la India Dormida. El esfuerzo valió la pena y se aprovecha el momento para sacar el celular y tomarse las fotografías del recuerdo.

Dan ganas de quedarse allí…hacerle compañía a Flor del Aire, pero Madelaine debe retornar a sus labores de guía. Iniciamos el descenso y aunque es más rápido, porque la mayoría de los tramos son de bajada, hay un polvillo que te hacen resbalar fácilmente. En el grupo tres nos fuimos de nalgas…pero no fue mayor cosa…nos sacudimos y seguimos la marcha hasta retornar al punto de partida. ¡Fueron casi dos horas de desconexión de los problemas cotidianos!

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