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Colón

Conocida hace muchos años atrás como “la tacita de oro” por su pulcritud, urbanismo y productividad, la provincia de Colón hoy parece un inmenso “ghetto” urbano, donde sus habitantes padecen toda clase de problemas sociales y la delincuencia se enseñorea en sus calles.

La provincia de Colón refleja, de manera concentrada, los distintos males que aquejan a la sociedad panameña: desempleo, delincuencia, ausencia de infraestructura pública de salud, transporte y educación, además de la inmensa demagogia de que ha sido víctima por el Gobierno de turno, que prometió sacarla del pauperismo en que se encuentra y no ha cumplido.

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Por ello, no debe extrañar el llamado que están haciendo las fuerzas vivas de esa provincia a una huelga general para mañana martes, como una forma de llamar la atención al gobierno varelista en torno al abandono en que históricamente se ha mantenido sumido a los colonenses.

No nos llamemos a engaño: el colonense no es perezoso, como ha querido definirlo la oligarquía retardataria de ayer y hoy. Al contrario, es trabajador y esforzado.

Colón ha rendido grandes jornadas en las distintas gestas históricas por reivindicaciones sociales y en materia de la lucha por la soberanía.

Basta con recordar la llamada “marcha del hambre y la desesperación” de octubre de 1959, en la que centenares de colonenses partieron de Colón a la ciudad capital en una caminata que fue sumando a otros hasta ser multitudinaria.

Ayer como hoy, Colón lucha a través de la protesta social por un mejor futuro; lo único que recomendamos a los dirigentes, es que no caigan en provocaciones de violencia y realicen sus manifestaciones con un alto sentido de civismo.

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