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El desaparecido Muro de Berlín

Por: Milciades Ortiz Periodista -

Como muchos extranjeros, no podía irme de Berlín sin conocer el lado comunista. Sobre todo que como periodista y sociólogo conocía los acontecimientos que dieron origen al Muro que separaba las "dos" Alemanias, lo que no era aceptado por muchos. Estaba en ese país a comienzos de los años setenta del siglo pasado. Fui invitado como periodista por el gobierno de la Alemania "capitalista", que me dio un recorrido de primera clase por varias de sus ciudades.

El guía me dijo que no podía acompañarme al lado comunista. Estaría solo, sin un traductor que me ilustrara sobre esa realidad sociopolítica. La razón era sencilla: como alemán del "lado capitalista", no podía entrar al otro sector. Miles de compatriotas vivían separados por un tenebroso Muro. Se derrumbó hace treinta años, junto con el comunismo en Rusia y otros lados.

Fui advertido de no salirme de la fila de turistas. No hacer preguntas incómodas. No saludar ni tratar de hablar con los residentes del sector "rojo" de esa nación. El Muro daba terror, con casetas de soldados armados que vigilaban a todo el mundo. Alambres de púas, obstáculos metálicos y de concreto, y una zona con minas, evitaban que la gente del lado comunista se fugara al capitalista.

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Mientras revisaban mis documentos, un perro policía daba vueltas alrededor, buscando no sé qué. Nos revisaron para confirmar que no lleváramos objetos de metal, que pudieran ser usados como armas. El bus era viejo, casi sin pintura. Soldados comunistas revisaban el vehículo con espejos en la parte de abajo, para evitar que alguien se escondiera allí. Al estar adentro me di cuenta de que las ventanas estaban cerradas. Luego me enteré que era para evitar que nosotros saltáramos buscando el "paraíso comunista" (¿?). Varios agentes de civil acompañaban al guía, cuya traducción no fue en español. No me enteré detalles del recorrido.

Fuimos a parques y monumentos que exaltaban el éxito del comunismo. Dieron una vuelta por ciertos sectores. Todavía recuerdo las caras tristes de gente parada en las aceras, viendo hacia el vehículo de turismo. Nada de saludos ni sonrisas. No había tiendas capitalistas, ya que estaba prohibido el negocio. La ropa era casi igual. Abrigos de tres colores y zapatos del mismo modelo. Nada de avisos ni carteles iluminados que sobraban en el lado capitalista.

Se notaba una pobreza generalizada: edificios sin pintar, pocos autos, enormes edificios de departamentos, todos iguales. Pero decenas de años de comunismo, no acabaron con los deseos de ellos de vivir libres, con elecciones, partidos diversos, prensa independiente, etc.

Tampoco la oportunidad de consumir lo que deseas, aunque manipulado por la publicidad. (El Muro no pudo borrar la esencia de los seres humanos).

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